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Minerales en el Oriente Colombiano

Cerros de Mavicure – Guainía
Cerros de Mavicure – Guainía

Los Minerales de niobio y tantalio (coloquialmente “Coltan”) y otros minerales estratégicos presentes en el oriente colombiano eran prácticamente desconocidos en la percepción pública del país hasta el año 2009. Esto cambió bruscamente a partir de esta fecha, cuando empezaron a aparecer en los medios de comunicación noticias sobre posibles enfrentamientos militares entre Venezuela y Colombia después de que se reportara el hallazgo de yacimientos grandes en Venezuela de estos minerales y su explotación ilegal por parte de mineros colombianos, y una supuesta vinculación causal entre la guerra civil en la RD Congo y yacimientos de Coltan en este país africano, alimentando así el temor que posibles yacimientos de estos minerales en Colombia pudieran contribuir a desarrollos perjudiciales para la vida, la estabilidad social y el medio ambiente, especialmente en el oriente colombiano selvático; ésta situación se agrava más si se tiene en cuenta que es poco lo que se conoce sobre la cantidad, calidad, el valor económico y uso de las ocurrencias de minerales de niobio y tantalio en el Oriente Colombiano, traduciéndose esto en especulación que se manifiestan a través de calificativos como “oro azul” y altos precios de las menas de estos minerales, de hecho hace falta una base para poder calcular los recursos y mucho más las reservas de estos minerales, un dato que normalmente a nivel mundial requiere 10 y más años desde el descubrimiento de las primeras ocurrencias hasta llegar a cifras confiables, suponiendo una investigación geológica fuerte.

En este contexto, la importancia y las ocurrencias de estos minerales reportadas por el Servicio Geológico Colombiano (anteriormente INGEOMINAS) en un estudio técnico – motivaron al Gobierno Nacional a declarar con justa razón los minerales de tantalio y niobio – entre otros – como uno de 11 grupos de minerales de interés estratégico para el país (en la Resolución 180102 del 30 de enero de 2012 se catalogaron como de interés estratégico para el país los siguientes 11 minerales: oro, platino, cobre, minerales de fosfatos, minerales de potasio, minerales de magnesio, carbón metalúrgico y térmico, uranio, hierro y coltan. Textualmente, el Artículo 1 de la Resolución 180102 del 30 de enero de 2012 determina en su último subpunto: Minerales de Tantalio y Niobio (conocidos como Coltan) y/o arenas negras o industriales, y sus minerales asociados, derivados o concentrados).

Las características geológicas del subsuelo de una gran parte del oriente colombiano indican de esta lista un potencial adicional por lo menos para oro, uranio y hierro. Mineralizaciones de tantalio, niobio, wolframio, estaño, circonio, hafnio, REE (elementos de tierras raras) y uranio suelen estar asociadas a magmatismo ácido alcalino o fases postmagmáticas – como en pegmatitas-, neumatolíticas o cata- a epitermales, de titanio en ilmenitas con intrusiones más máficas, a menudo relacionado con metamorfismo intensivo con fusión parcial de las rocas sedimentarias y magmáticas anteriores; procesos y eventos que se han producido varias veces durante los más de 1500 millones de años de la historia geológica del oriente colombiano, que es mucho más viejo que el occidente. Los fuertes procesos de meteorizan pueden llevar a la concentración adicional de minerales en lateritas como las bauxitas que son fuente principal de material abrasivo y aluminio, a menudo difícil de reconocer en la superficie.

El desconocimiento acerca de estos minerales contribuye a la especulación de los mismos y a la creación de expectativas exageradas que no están acordes con la realidad, lo que en el contexto de una ausencia real del Estado como autoridad reconocida produce una economía predominante informal de extracción ilegal y contrabando lo que fomenta actuaciones criminales a mayor escala. Hay una extracción vasta de “arenas negras” en lechos de ríos en áreas selváticas ecológicamente sensibles que a menudo solamente contienen minerales de bajo valor económico como magnetitas, hematitas o ilmenitas pero que equivocadamente se clasifican y comercian como “coltan”. Incautaciones equivocadas de estos minerales por la policía aumentan la desconfianza y por ende la ingobernabilidad.

Ejemplos observados (GEGEMA 2008 – 2016) en los departamentos del Vichada, Guainía y Vaupés son la extracción y el transporte de minerales de “arenas negras”, el contrabando de minerales de titanio, tantalio, niobio y estaño venezolanos los cuales son ingresados a las ciudades de Puerto Carreño e Inírida, y son reportados como colombianos al pasar la frontera; incautaciones por parte de la Policía Nacional, SIJIN, en Mitú de minerales de titanio y hierro extraídos en el territorio nacional. En el Departamento del Guainía ocurre el tráfico ilegal de minerales de wolframio, oro aluvial y de filón, proveniente de la Serranía de Caranacoa ubicada en el Parque Nacional Natural del Puinawai. Otro foco de minería ilegal de oro de filón, coluvial y aluvial se observa en la Serranía del Naquén, sur del Guainía, donde se efectúan labores de minería con mercurio (llamado azogue), sumamente tóxico, sin medidas de protección para las personas que ejecutan estas actividades, las principales cuencas y acuíferos y el medio ambiente en general. Al sur de Puerto Carreño en el Resguardo Indígena Piaroa de Cachicamo, se extrae de manera ilegal e informal minerales de titanio, a veces con contenidos de niobio, tantalio, estaño y uranio, que son denominados por los lugareños como coltan, al igual que otros minerales que contienen estaño, titanio, hierro, wolframio y otros no metálicos de color negro, una confusión de la cual han sido víctimas hasta representantes de las autoridades gubernamentales y militares.

Es posible que con la denominación de coltan para minerales de poco valor económico además algunos sectores intenten camuflar el lavado de dinero proveniente de otras actividades ilegales como el cultivo y el comercio de drogas ilícitas.

Un resultado adicional de toda esta situación compleja es el aumento de la desconfianza y del rechazo hacía la minería en general – un planteamiento cada vez más generalizado de una supuesta contradicción antagónica entre la minería y el medio ambiente, entre economía y ecología – en vez de buscar una reconciliación entre estos dos polos que se expresaría en una minería responsable y sostenible que sirva para el desarrollo integral de país, de la ciencia, de la tecnología y por ende de su comunidades, un desafío aún más importante si la perspectiva de un futuro proceso de paz exitoso se concretiza.

Desde el año 2008 investigadores y estudiantes de lo que hoy es el Grupo de Estudios en Geología Económica y Mineralogía Aplicada (GEGEMA) de la Universidad Nacional de Colombia han desarrollado investigaciones sobre minerales de tantalio, niobio, wolframio, estaño, titanio y elementos de tierras raras, gemas, minerales industriales y materiales de construcción, en el oriente colombiano y otras partes del país. Ha sido al comienzo investigación por propia cuenta, aportes del Bienestar Universitario, posteriormente con financiación de un proyecto por Ingeominas – hoy Servicio Geológico Colombiano- (Cramer et al. 2011) y últimamente por Colciencias. Eso ha aportado a aumentar puntualmente el conocimiento sobre estas mineralizaciones y materiales y sus posibles implicaciones tanto positivas como negativas en el país, la formación de un pequeño semillero de investigadores con un enfoque interdisciplinario y una red de colaboradores expertos nacionales e internacionales, además de la consecución de algunos equipos analíticos básicos pero todavía insuficientes para una caracterización y mejor comprensión de estos materiales complejos. Este fomento del talento humano se enmarca dentro de muchos esfuerzos de modernización en todo el país tales como como los puestos en marcha en la Universidad Nacional de Colombia y su Departamento de Geociencias, así como en los esfuerzos cada vez más grandes de entidades como el SGC en conocer más detalladamente el subsuelo, explorar sus recursos y evaluar riesgos, lo que ahora puede experimentar un nuevo impulso gracias a los fondos destinados del SGR para CTeI.